Solo recuerdo dos veces en mi vida en las que he deseado
que el tiempo fuera un sueño. Que la vida fuera sueño.
Fueron dos veces en las que por mucho que cerraba y apretaba fuerte los ojos cuando los
volvía a abrir nada había cambiado.
Llevo ahora tres días abriendo
cuidadosamente los ojos cada mañana, deseando no haber encendido un ordenador,
deseando que la vida fuera mucho mas sencilla, deseando que la felicidad
llegase de una manera natural, deseando no tener que ir a buscarla por las esquinas y sufrir y
llorar y sentir que nunca vas a encontrar tu lugar en el mundo. Deseando que
fuera sueño.
Llevo ahora tres días preguntándome por qué la vida pasa
por delante de nuestras narices sin darnos cuenta, por qué nos resignamos a
vivir encerrados en un mundo que no es el nuestro, por qué es tan difícil pasar
los meses sin contar los euros que te quedan para terminarlos, por qué existen
las oficinas, por qué tengo que estar metida en ellas si realmente no me
gustan, por qué no tengo valor para separarme de gente a la que quiero por
temor a hacerles daño, sin de nuevo darme cuanta que es mi vida la que tengo
que vivir y no la de los otros. Por qué no es la vida sueño.
Llevo ahora tres días con mi mundo dado la vuelta
buscando soluciones, exprimiéndome los sesos entre llantos para encontrar
respuestas. Pero todavía tengo demasiadas preguntas. Por qué me da miedo
imaginar el futuro, por qué paso por el presente de puntillas y mirando hacia
abajo, por qué hace años que no puedo pasar una tarde sola sin que me falte el
aire, por qué nunca nada es suficiente, por qué me creo la responsable de esto,
por qué me creo la responsable de todo. Por qué todo.
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.